Hola mis queridas personas.
Llevaba tiempo sin escribir (casi un año), pero más que por esterilidad creativa ha sido porque he estado a otras mil cosas, entre ellas trabajar, estudiar, beber algún trago que otro, viajar y conocer el mundo.
Hoy por la tarde hablaba con un chaval que conozco, que me preguntaba por parte del lore de Skyrim (para quien no lo sepa, el lore vendría a ser el trasfondo de una historia, juego o saga, que conforman la red que conectan todos los eventos que en él/ella suceden, dandole coherencia a el universo fantástico). Aprovecho para recomendar a quien no lo haya probado ese juego, no solo por la historia (que está bien) sino por perderse en su amplio mundo y disfrutar de sus detalles, de sus libros que narran historias de tiempos pasados, de sus ruinas que dan pistas de eventos que cambiaron el mundo, en resumen, de su rico y variado lore.
La cuestión es que el hablar de esto me trajo a la memoria un viejo proyecto (uno de tantos) que emprendí hace años en Oviedo. Con dos amigos, más sabios y veteranos que yo en el mundo de la literatura y también amantes de la fantasía, empezamos a crear un mundo fantástico. No recuerdo cómo apareció la idea, supongo que al hablar de algun autor renombrado del género y su obra. La cuestión es que nos reunimos en oscuras, lúgubres y tenebrosas tabernas y empezamos a tramar aquel mundo de fantasía.
Como quien empieza una partida de rol, creamos unos personajes iniciales: el mercenario Kalf hoja-aguda, el mago renegado Laharöth, Vhargalar el guerrero, Ravenna la hechicera… Con ellos, empezamos a imaginar una historia que pondría a prueba su valor y habilidades para conseguir una meta común. Pero nos dimos cuenta de que esa historia estaba cogida con alfileres, era como colocar cuatro piedras en el desierto y querer construir una casa sobre ellas.
Así que antes de crear una historia, decidimos crear un mundo. Partimos de 50 preguntas sobre nuestro mundo, que debíamos ir respondiendo para saber nosotros mismos qué estabamos haciendo. Lo que se viene denominando Teoría del Iceberg.
Nuestra creación en común, igual que tuvo un principio tuvo un final. Yo me fui a estudiar fuera y ellos se embarcaron en nuevos, ambiciosos y grandes proyectos literarios, con lo que la luz de nuestro pequeño mundo fue apagándose y sus historias perdiéndose en el olvido.
Tiempo después, limpiando mi drive (muy recomendable de cuando en cuando cuando lo usas como cajón de sastre donde meter todo tipo de archivos, unos útiles y otros no tanto) me encontré con nuestra carpeta común, donde ibamos actualizando nuestros personajes e historia. Y claro, cuando escuchas la llamada de un mundo fantástico es dificil resistirse. Así que desde entonces, de cuando en cuando he ido completando aquellas 50 preguntas, construyendo y tramando ese mundo de fantasía que un día creamos. Lo curioso es que, cuando intenté ponerme a escribir la historia primigenia que un día decidimos empezar, me quedé pronto sin ideas de cómo abordarla. Supongo que es cuestión de seguir creando el iceberg hasta que la punta aparezca sola sobre las aguas.
La pregunta 50 de aquella lista era «¿Te gusta el mundo que has creado?«. En vista de que más de cuatro años después aún recorro sus caminos y paso tiempo con sus gentes, creo que puedo decir que sí.
P.D. Si tardo otro año en escribir otra entrada, no me lo tengáis en cuenta, de vez en cuando os prometo que me acuerdo de vosotros aun que la realidad parezca otra bien distinta.


